EMPLEADO PISCIS

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PISCIS EL EMPLEADO

 

el trabajador piscis


tarotyvidentesEl lenguaje astrológico es una cuerda de oro que nos une con un nebuloso pasado, al tiempo que nos prepara un interesante futuro de exploraciones planetarias. En todos los campos de la ciencia, adelantos que cortan la respiración nos hacen continuamente presente que hay mas cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, que las que pueda soñar tu filosofía (aunque en vez de Horacio, el nombre sea Sam o Fanny). El receptor-transmisor radio-pulsera de Dick Tracy ya no es un sueño fantástico, sino una realidad, y el arma poderosa de la Doncella de la Luna ha encontrado su igual en el milagro del rayo láser, esa luz súper concentrada que hace correr al plomo como si fuera agua y penetra las sustancias más duras que conoce el hombre. A Julio Verne y a Flash Gordon se les considera actualmente profetas inspirados, tan importantes eran los secretos enterrados en esas descabelladas aventuras de veinte mil leguas bajo el mar y de muchos trillones de leguas por encima de la Tierra. 

¿No podría ser que los autores de libros de ciencia ficción y los dibujantes de historietas tuvieran una idea más ajustada de la distancia que hay entre el ayer, el hoy y el mañana, que los hombres de bata blanca en sus laboratorios cromados esterilizados? Einstein sabia que el tiempo no era más que relativo; pero los poetas siempre lo han sabido, y también los sabios, en todas las edades. El mensaje no es nuevo. Mucho antes del interés actual y abrumador por la astrología, hombres de atrevida visión como Platón, Ptolomeo, Hipócrates y Colón respetaron su sabiduría; y a los de ellos pueden sumarse nombres como los de Galileo, Franklin, Jefferson, Newton y Carl Jung. Se puede agregar a la lista al que fue presidente de Estados Unidos, John Quincy Adams; también la integran astrónomos de la talla de Tycho Brahe, Johanes Kepler y Gustave Stromberg. Y no olvidemos a John Nelson, brillante investigador científico de la RCA, al famoso matemático Kuno Foelsch, y a John O'Neill, ganador del premio Pulitzer. Ninguno de esos hombres fue un fracasado en la escuela secundaria. En 1953 el doctor Frank A. Brown, hijo, de la Universidad del Noroeste, hizo un descubrimiento sorprendente mientras estaba experimentando con ostras. La ciencia ha dado siempre por sentado que las ostras se abren y se cierran con el ciclo de los mares de su lugar de nacimiento. Pero cuando las ostras del doctor Brown fueron trasladadas de las aguas de Long Island Sound a un tanque de agua en su laboratorio de Evanston, Illinois, se observó una cosa extraña.


En su nuevo hogar, las ostras tenían temperatura constante, en una habitación iluminada por una luz suave y también constante. Durante dos semanas, las ostras desplazadas abrieron y cerraron sus valvas con el mismo ritmo de las mareas de Long Island Sound, a mil seiscientos kilómetros de distancia. Después, de pronto, se cerraron bruscamente y permanecieron así durante varias horas. Cuando ya el doctor Brown y su equipo de investigación empezaban a darle vueltas al caso de las ostras nostálgicas cerradas, sucedió algo raro. Las ostras volvieron a abrirse; exactamente cuatro horas después de la pleamar en Long Island Sound, en el preciso instante en que habría habido marea alta en Evanston, Illinois, de haber estado esta ciudad sobre la costa, se inició un nuevo ciclo. Las otras adaptaban su ritmo a la nueva latitud y longitud geográfica. ¿Regidas por qué fuerza? Por la de la Luna, naturalmente. El doctor Brown llegó pues, necesariamente, a la conclusión de que los ciclos energéticos de las ostras se rigen por la misteriosa señal lunar que controla las mareas. La energía y los ciclos emocionales del hombre están gobernados por el mismo tipo de fuerzas planetarias, en una red mucho mas complicada de impulsos magnéticos, provenientes de todos los planetas.

La ciencia reconoce el poder de la Luna para mover grandes masas de agua. Si el hombre mismo está constituido en un setenta por ciento de agua, ¿por qué habría de ser inmune a tan poderosas influencias planetarias? Son bien conocidos los tremendos efectos de la gravedad magnética sobre los astronautas en órbita, a medida que estos se acercan a los planetas. ¿Y que decir de la demostrada correlación entre las fases de la Luna y los ciclos femeninos, incluso el parto, amén del repetido testimonio de médicos y enfermeras en los pabellones de hospitales mentales, que bien familiarizados están con la influencia de la Luna sobre los cambios que experimentan sus pacientes? ¿Ha hablado alguna vez el lector con un policía que haya tenido que patrullar una zona peligrosa en una noche de luna llena? Trate de encontrar un granjero que vaya a levantar una empalizada, matar un cerdo o sembrar sin haber consultado la sección astrológica del Almanaque del Granjero. Los movimientos de la Luna son tan importantes para él, como la última discusión de problemas agrarios en el Congreso.


Entre todos los cuerpos celestes, el poder de la luna es el más visible y el más espectacular, simplemente porque es el que está más próximo a la Tierra. Pero el Sol, Venus, Marte, Mercurio, Júpiter, Saturno, Urano, Neptuno y Plutón ejercen también sus influencias sin lugar a dudas, aunque sea desde más lejos. Los hombres de ciencia han advertido que las plantas y los animales están sujetos a ciclos de influencias a intervalos regulares, ciclos que se rigen por mediación de fuerzas tales como la electricidad del aire, las fluctuaciones de la presión barométrica y el campo gravitacional. Originariamente, estas fuerzas terrestres se ponen en acción por obra de las vibraciones magnéticas procedentes del espacio exterior, donde viven los planetas y desde donde envían sus ondas invisibles. Las fases de la Luna, las lluvias de rayos gamma, los rayos x, las ondulaciones del campo electromagnético en forma de pera y otras influencias que tienen su origen en fuentes extraterrestres penetran y bombardean continuamente la atmósfera que nos rodea, sin que ningún organismo viviente escape a su influencia, ni tampoco los minerales. Y lo mismo puede decirse de los seres humanos. El doctor Harold S. Burr, profesor emérito de anatomía en la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale, afirma que un complejo campo magnético establece la pauta del cerebro humano en el momento de nacer, y más aún, que sigue regulándolo y controlándolo a lo largo de la vida. Expresa además que el sistema nervioso central humano es un extraordinario receptor de energías electromagnéticas, el más refinado de la naturaleza. (Aunque caminemos de manera un tanto más evolucionada, percibimos el mismo murmullo que las ostras.) Los diez millones de células de nuestro cerebro forman miradas de posibles circuitos a través de los cuales puede canalizarse la electricidad.


Por consiguiente, el contenido mineral y químico, y las células eléctricas de nuestro cuerpo y nuestro sistema nervioso responden a la influencia magnética de cada mancha solar, cada eclipse, cada movimiento planetario. Como todos los demás seres vivientes, los metales y los minerales, estamos sincronizados con el flujo y el reflujo incesantes del Universo, pero nuestro libre albedrío nos permite que no seamos necesariamente sus prisioneros. En otras palabras, el alma es superior al poder de los planetas. Pero lamentablemente, la mayoría de nosotros no ponemos en acción nuestro libre albedrío (es decir, el poder de nuestra alma), y en cuanto al control que ejercemos sobre nuestro destino, estamos más o menos en la misma situación que el lago Michigan o una espiga de trigo. El propósito del astrólogo es ayudarnos a saber cómo evitar este flotar río abajo a la deriva: como luchar contra la corriente. La astrología es tanto un arte como una ciencia.

Aunque muchísimas personas querrían ignorar este hecho básico, es algo que no se puede pasar por alto. Hay astrólogos que se estremecen de furia ante la sola mención de que la intuición pueda tener algo que ver con la astrología, y reaccionan en forma colérica respecto de la más remota posibilidad de tal correlación. Insisten en que la astrología es una ciencia exacta, basada en las matemáticas, y que de ningún modo se la ha de asociar con poderes intuitivos. Creo que estas opiniones son sinceras, pero la lógica me lleva a preguntarme por que ambas cosas han de estar tan totalmente separadas. ¿Es menester que así sea? Hasta los legos intentan hoy en día, valiéndose de libros, juegos de salón o pruebas de laboratorio, determinar su potencial para la percepción extrasensorial. ¿Por qué no los astrólogos? ¿Acaso han de ser ellos quienes hundan la cabeza en la arena, como las avestruces, ante la posibilidad del desarrollo de un sexto sentido, o de su existencia en algunos individuos?


Es indudable que el trazado de una carta astrológica, basado en datos matemáticos y en hechos astronómicos, es parte de una ciencia exacta. Pero también la medicina es una ciencia, basada en la investigación y en los hechos, y pese a ello, los buenos médicos admiten que la medicina es también un arte. Quien tiene la capacidad de diagnosticar intuitivamente se gana el reconocimiento de sus colegas. Los médicos dirán que todos ellos tienen, en grado variable, cierta sensibilidad que es una ayuda inapreciable en la interpretación de los hechos demostrables de la medicina. Efectuar la síntesis de teorías medicas, interpretar los resultados de las pruebas de laboratorio en relación con la historia individual del paciente no es algo que se pueda hacer de manera estereotipada; sería sencillamente imposible sin cierta percepción intuitiva de parte del médico. De otra forma, se podría dejar la medicina a cargo de las computadoras. La música tiene también una base científica la ley inflexible de las matemáticas, como lo sabe cualquiera que haya estudiado alguna vez las progresiones de los acordes. Los intervalos musicales se rigen por proporciones entre números enteros: una ciencia, indiscutiblemente. Pero también es un arte. A cualquiera se le puede enseñar a tocar correctamente la sonata Claro de luna o el Concierto de Varsovia, pero lo que diferencia a un Van Cliburn del resto de nosotros es su sensibilidad o percepción intuitiva. Las notas y los acordes son siempre los mismos, matemáticamente exactos. La interpretación, sin embargo, es diferente: una realidad obvia que nada tiene que ver con la definición actual de la palabra ciencia.


Muchas personas inteligentes pueden estudiar o enseñar astrología con éxito, e incluso brillantemente, pero pocas tienen la capacidad de aportar esa dimensión de interpretación sensible o percepción intuitiva que hace de la ciencia de la astrología algo que en última instancia proporciona una satisfacción artística. Claro que no es necesario tener especiales dotes psíquicas ni ser médium para hacer un análisis astrológico exacto y valioso, pero cualquier condición intuitiva del astrólogo es, evidentemente, un elemento positivo para la síntesis que éste hace de la carta natal. Como es natural, el astrólogo intuitivo debe tener también los conocimientos precisos en el cálculo matemático, y debe observar estrictamente los fundamentos científicos de su arte. Dando por supuestas ambas cosas, podemos afirmar que se vale de una poderosa combinación de capacidades conscientes y subconscientes, de modo que no hay por qué asustarse de los profesionales competentes que pueden hacer de su tarea un arte y una ciencia al mismo tiempo, y evitarlos; en todo caso, será una suerte para el lector si encuentra uno. La percepción intuitiva es rara en todos los campos. La popularidad actual de la astrología está haciendo que todos los charlatanes salgan de sus escondrijos, y en astrología no hay ni tantos astrólogos ni tantos maestros debidamente calificados como sería de desear. Es posible que en el curso de la década venidera lleguen a ser profesionales reconocidos que han obtenido un titulo en los cursos de ciencia astral de importantes universidades.

Entonces, la influencia de los planetas sobre el comportamiento humano se enseñará en los modernos edificios de las universidades más representativas, tal como antaño se enseñaba en las de Europa. Los estudiantes serán aceptados únicamente si su carta natal revela que tienen capacidad para la enseñanza o la investigación en astrología, o para hacer un análisis personal; y los cursos serán tan estrictos y rigurosos como los de cualquier facultad de derecho o de medicina. Habrá materias tales como el estudio de las condiciones magnéticas del tiempo, el de la biología, química, geología, astronomía, matemáticas superiores, sociología, religiones comparadas, filosofía y psicología, junto a la necesaria capacitación para calcular e interpretar una carta astrológica, y los graduados podrán poner orgullosamente en su puerta una chapa donde se lea: Doctor John Smith, astrólogo Doctor en ciencia astral. Dadas las condiciones actuales de aceptación y de investigación en astrología, la actitud más segura y mas cuerda que puede adoptar el profano es familiarizarse a fondo con los doce signos, de la misma manera que uno se familiariza con las teorías de la medicina estudiando primeros auxilios o poniéndose al tanto de las normas de higiene.


La humanidad descubrirá algún día que la astrología, la medicina, la religión, la astronomía y la psiquiatría son la misma cosa. Cuando todas ellas se integren, cada una estará completa; mientras ello no suceda, cada una seguirá teniendo ligeras carencias. En la astrología hay un ámbito donde reina la confusión y las opiniones chocan: la reencarnación. Hoy día, no hay quien no haya adoptado una actitud, ya sea positiva o negativa, ante la ley del karma. Es algo de lo que uno no puede evitar estar al tanto, de la misma manera que es inevitable saber que es el tablero ouija o quien es Jeanne Dixon, bajo la influencia uraniana de este siglo XX que se acerca a la era de Acuario.


Los astrólogos esotéricos creen, y entre ellos me cuento yo, que la astrología es algo incompleto a menos que se la interprete de manera adecuada teniendo como cimiento la ley del karma. También hay quien lo niega enfáticamente, en especial en el mundo occidental, para el cual la astrología es una ciencia relativamente nueva. No es necesario aceptar la reencarnación para beneficiarse de la astrología, y la prueba de la existencia del alma en vidas anteriores, por más lógica que sea, no ha quedado jamás establecida científicamente (aunque se dispone de pruebas circunstanciales profundamente convincentes, que incluyen casos documentados y la Biblia misma).

Por su propia naturaleza, es posible que la reencarnación escape por siempre a cualquier intento de hallar pruebas tangibles. Los antiguos enseñaban que el alma evolucionada debe alcanzar el punto en que busca la verdad del karma, con el fin de poner término al ciclo de renacimientos. Por ende, la fe en la reencarnación es un don, una recompensa para el alma lo bastante evolucionada para buscar el sentido de su existencia en el Universo y sus obligaciones karmicas en la vida actual. Si estuviera probado tan profundo misterio, el libre albedrío del individuo se apartaría del descubrimiento; de ahí que tal vez el hombre debe buscar siempre las respuestas al problema de la reencarnación en su propio corazón. Pero solo debería hacerlo tras un estudio inteligente de aquello en que otras mentes han hallado verdad y falsedad. Los libros que se refieren al asombroso profeta Edgar Cayce podrán satisfacer adecuadamente la necesidad de mayor comprensión del profano, y es posible hallar en el mercado muchas otras obras excelentes referentes a la reencarnación, que pueden ayudar al lector a decidir por sí mismo si el tema es digno de que se le preste atención, o si no es otra cosa que magia negra. Esta es la única manera de enfocar un asunto tan personal como la vida y la muerte (cada cual por su cuenta), después de haber examinado con cabal minuciosidad los pros y los contras. Nos dirigimos hacia un nuevo respeto por las influencias invisibles, y de ello es buen ejemplo el interés que hoy día existe por la telepatía mental.

La NASA ha invertido y sigue invirtiendo enormes sumas de dinero en tests de percepción extrasensorial que se practican a los astronautas para determinar la posibilidad de transferir mensajes mentales mediante la percepción sensorial, como medida de emergencia para el caso de interrupción de las comunicaciones entre el astronauta y la Tierra. Se comenta que Rusia lleva gran delantera a Estados Unidos en este campo de la investigación, lo que sería una razón más para descartar el pensamiento dogmático y materialista. La excitación de distinguidos hombres de ciencia ante los experimentos realizados con estas invisibles longitudes de onda entre seres humanos ha llamado la atención de los médicos. La medicina admite desde hace largo tiempo que algunas dolencias tales como las úlceras y las afecciones de la garganta son producidas por tensiones mentales o emocionales, y actualmente los médicos empiezan a plantear con seriedad la teoría de que hay una relación definida entre la personalidad del paciente y la aparición y desarrollo del cáncer.

Artículos recientes de médicos bien conocidos han solicitado con urgencia la cooperación de los psiquiatras para determinar en forma preventiva que pacientes pueden ser susceptibles, de manera que la enfermedad pueda ser tratada en sus primeras etapas, e incluso prevenida. Sin embargo, la astrología ha sabido desde siempre que lo que desencadena la enfermedad son la mente y las emociones, y que son también ellas quienes la pueden controlar o eliminar; también, que las personas nacidas bajo determinadas influencias planetarias son o susceptibles o inmunes a ciertas enfermedades y accidentes. El conocimiento que busca la medicina se encuentra en la carta natal del paciente, detallada y cuidadosamente calculada, y que resulta claramente puesto en evidencia por las posiciones y aspectos planetarios en el momento del nacimiento.


En el antiguo Egipto, los médicos astrólogos practicaban la cirugía del cerebro con técnicas refinadas, un hecho que han demostrado recientemente los descubrimientos arqueológicos y antropológicos. Los médicos progresistas de la actualidad vuelven silenciosamente a fijarse en que signo astrológico está la Luna antes de hacer una operación quirúrgica, a imitación de los médicos griegos de hace siglos, que se ajustaban al precepto de Hipócrates: No toques con metal las partes de la anatomía regidas por el signo donde la Luna transita, o con las cuales la Luna en tránsito se encuentra en cuadratura o en oposición en el aspecto. Es mucho y muy importante lo que hay que decir sobre la astrología médica y su valor para descubrir la causa y lograr la prevención de las enfermedades, pero el tema es de una amplitud tal que tendrá que quedar para otro volumen. Si pasamos del campo de la medicina al de los viajes, digamos que hay varias compañías de seguros y empresas aéreas que están investigando en secreto la posible relación entre los accidentes aéreos fatales y las cartas natales de los pasajeros y de la tripulación. De tal manera avanzan los tiempos, desde el antiguo conocimiento de las influencias planetarias, retrocediendo hasta el pensamiento materialista para volver a avanzar hacia la verdad. A lo largo de los siglos, los planetas se han mantenido incó1umes en su grandeza, y siguen en sus órbitas. Las estrellas que brillaron sobre Babilonia y sobre el establo de Belén son las mismas que hoy siguen arrojando el mismo brillo sobre el Empire State Building y sobre el huerto de tu casa. Con la misma precisión matemática cumplen su ciclo (y seguirán afectando cada una de las cosas que hay sobre la Tierra, al hombre incluso, mientras la Tierra exista).


Recuerda siempre que en astrología no existe fatalismo. Los astros marcan inclinaciones, no obligan. La mayoría de nosotros nos dejamos llevar en obediencia ciega por la influencia de los planetas y por el esquema electromagnético de nuestro nacimiento, pero también por nuestro medio, nuestra herencia y la voluntad de los que son más fuertes que nosotros. No damos señales de percepción ni, por ende, de resistencia; nuestros horóscopos nos calzan como un guante. Movidos como peones, recorremos el tablero de ajedrez en la partida de la vida, e incluso hay quien hace burla de los poderes mismos que lo mueven, o los ignora. Pero cualquiera puede elevarse por encima de los poderes adversos de su carta natal. Si utiliza su libre albedrío, o el poder del alma, cualquiera puede dominar sus estados de ánimo, cambiar su carácter, controlar su ambiente y las actitudes de quienes están próximos a él. Cuando lo hacemos, nos convertimos en los jugadores que libran la partida, en vez de ser meros peones. ¿Eres de los que se privan de seguir su estrella, diciéndose que no han nacido con la fuerza ni con la capacidad necesaria? Pues naciste con más de cada una de ellas que Hellen Keller, que recurrió a los profundos e íntimos poderes de su voluntad para superar el hecho de haber nacido ciega, sorda y muda. Y sustituyó esas desventajas de nacimiento con la fama, la riqueza, el respeto y el amor de miles de personas. Y dominó sus influencias planetarias.


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